14/5/12

No querer nombrar las cosas por su nombre

Hay veces que el miedo a la verdad nos hace no nombrar las cosas por el nombre que tienen. Es más, nos hace pensarlas en abstracto porque así parece que nada tengan que ver con  nosotras. Y no es que no se acepte la realidad, se acepta, sin lugar a dudas, lo que ocurre es que no nombrándola es como si no existiera, como si pasara de largo de nuestra persona.

Esto ocurre siempre que la realidad nos refleja quienes somos, nos delata alguna faceta escondida de quienes somos, de manera desnuda y directa, sin velos ni tamices que puedan ayudarnos a digerirla mejor. Entonces, es conveniente no poner nombre, no hacer presente en el diccionario de nuestra vida de forma tan clasificada, tan fácil de encontrar aquello que se nos está mostrando.

Y os diréis, tantos días sin escribir y ahora viene con esta filosofada. La verdad no sé si vengo o voy o estoy de vuelta, lo único que sé es que necesito ponerme nombre, porque cuando una no sabe su lugar exacto, se pierde en esta maraña que son los interiores. Solo necesito un nombre, para que pueda anclarme de alguna manera a tu vida y saber así el lugar que me toca ocupar.

4 comentarios:

Nosu dijo...

A pesar de todo, aunque no se llamen las cosas por su nombre para intentar que pasen desapercibidas, acaban saliendo tarde o temprano, no?

Anónimo dijo...

el único nombre que necesitas es el tuyo. Luego comparte, reparte, divide y vencerás. Un saludo,
Nola

maslama dijo...

espero que logres encontrar tu nombre, no es tarea fácil pero merece la pena intentarlo

besos,

[NuNca] dijo...

Cuanta razón