Cariño,
permíteme la licencia de llamarte así por última vez. Aunque ya sé que no me corresponde hacerlo, sigo visualizando este término cuando pienso en ti. Se me han quedado tantas cosas en el tintero que nunca me has permitido decirte, que ahora se pelean en la plumilla de mi estilográfica por salir y rasgar el papel. Pero no voy a consentir que lo hagan, ya que nunca ha existido motivo para ello. Mi idea es tomarme un tiempo para ahogarlas en la tinta donde hasta ahora flotaban y acabar, así, la enorme lucha que tengo con ellas.
Esta mañana, he vaciado, por fin, el champú que dejaste en mi casa cuando, hace tiempo, viniste a compartir conmigo unos días. Recuerdo que al irte, lo guardé con mimo para la próxima vez que volvieras. Me costó darme cuenta de que esto no pasaría nunca. Para paliar el dolor que el descubrimiento me produjo inventé el ritual de ducharme con él, como clara metáfora de hacer el amor contigo. Salía de la ducha oliendo a ti y me sentía, de alguna forma, tuya. Y hoy, que se ha acabado el champú, mientras contemplaba el bote vacío he sentido el sereno adiós.
Por fin, soy capaz de entender que debo dejar que vivas tu propia historia, que nada tiene que ver con la mía. Lo nuestro, si me permites utilizar esta expresión, fue un punto tangencial en nuestras vidas que nunca supe vivir como tal. Me aferré a un amor que no existía pero que me hubiera gustado recibir de ti. Ciega, he creado un mundo paralelo en dónde cualquier señal de amistad tuya era un mendrugo para alimentar mi corazón.
Ahora, creyéndome con fuerzas, me retiro de tu vida para que puedas seguir sin tenerme que arrastrar de lastre. Sé feliz. Adiós.
dintel
Mostrando entradas con la etiqueta d. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta d. Mostrar todas las entradas
28/8/10
26/8/10
¿Y por qué no?
Me atrevo a profanar el mundo de las palabras porque no quiero poseer el derecho a esconder lo que siento. La necesidad de ello es tan grande que hoy me hallo jugando entre ser una humilde obrera de texto y el mundo de los metaconocimientos. La historia avanza, no hay ninguna duda de ello y la preocupación del ser humano sigue siendo el propio ser humano. Mi existir, en analogía, también avanza siendo su preocupación, mi persona. El hombre vive de amor y muere de él y si no se tiene, se espera, desea, anhela, suspira, ansia que roce de nuevo su vida para poder seguir viviendo y muriendo de él. La búsqueda de la felicidad, erróneamente, en otros seres, nos obliga a echar la culpa a lo rápida que avanza la sociedad. Pero nada cambia con el devenir de los años y se continúa escribiendo.
Mi erudición es inexistente cuando salgo de mi propio yo, parte única de esta vida que aunque no domino en su totalidad, estoy en vías de hacerlo. Escribir, escribo, pero sin oficio. Simplemente para atenuar mi propio sufrimiento o a veces para tornar bello la fealdad que hay en mi vida o incluso, para criticar lo que en mí veo. Fantaseo con historias que conozco y desconozco. Juego con significados y nexos en largas oraciones, (valga, también, sus acepciones). De alguna manera, intento decodificar palabra a palabra mi esencia con la esperanza de que haya alguien que la entienda. Y os dejo, asomar, a penas, a mi mundo revuelto en desórdenes con la esperanza de que algo cambie: mi visión, la vuestra o la universal. De mis palabras, leéis vuestras imágenes y formáis vuestra propia historia. No soy más que una persona creadora de ficciones. Quizá debiera haber hecho caso a quien dijo “si puedes vivir sin escribir, no escribas”. Tarde ya. Mi realidad la convierto en mentira para contarla como real y desde una “borrachera de palabras” recrear mi propia historia.
Mi erudición es inexistente cuando salgo de mi propio yo, parte única de esta vida que aunque no domino en su totalidad, estoy en vías de hacerlo. Escribir, escribo, pero sin oficio. Simplemente para atenuar mi propio sufrimiento o a veces para tornar bello la fealdad que hay en mi vida o incluso, para criticar lo que en mí veo. Fantaseo con historias que conozco y desconozco. Juego con significados y nexos en largas oraciones, (valga, también, sus acepciones). De alguna manera, intento decodificar palabra a palabra mi esencia con la esperanza de que haya alguien que la entienda. Y os dejo, asomar, a penas, a mi mundo revuelto en desórdenes con la esperanza de que algo cambie: mi visión, la vuestra o la universal. De mis palabras, leéis vuestras imágenes y formáis vuestra propia historia. No soy más que una persona creadora de ficciones. Quizá debiera haber hecho caso a quien dijo “si puedes vivir sin escribir, no escribas”. Tarde ya. Mi realidad la convierto en mentira para contarla como real y desde una “borrachera de palabras” recrear mi propia historia.
21/2/09
Herrumbre
Déjame tus palabras ya que las mías están vacías. Se derramó mi corazón con tu partida llenando de herrumbre el filo hielo del lenguaje. No quiero hablar, mas debo hacerlo, y cuando busco en mi interior qué decir sólo hallo un inútil amasijo de sentimientos y palabras. He mandado limpiar mi alma de óxido. Déjame tus palabras mientras sanean, esta, mi herida.
9/1/09
Por ser virtual
El tiempo en la red es inexorable, las personas pasan virtualmente por nuestra vida haciendo mella , sin anclar en puerto. Si te visto, no me acuerdo, alguien nuevo ocupa tu lugar, ¿o en realidad fue tu tiempo? Me atraes. Te pienso. Te siento. Me obsesiono con la idea que de ti yo tengo. Te busco en la red, programo tu encuentro y durante el día, te llevo dentro. Nunca debí creer en esto nuestro. Te miento. Convierto la relación en un infierno. Lo siento.
6/1/09
A base de dieta
He perdido 13 kilos casi de golpe, en dos meses:
1Kg y medio de responsabilidades
2,50Kg de compromisos
½ Kg de intranquilidad
700g de insomnio
200g de orgullo
2,5Kg de falsas amistades
1,600Kg de deseos
1Kg de esperanzas
Y un amor que ocupaba todos los resquicios y espacios de mi vida.
Me siento más vacía que ligera.
1Kg y medio de responsabilidades
2,50Kg de compromisos
½ Kg de intranquilidad
700g de insomnio
200g de orgullo
2,5Kg de falsas amistades
1,600Kg de deseos
1Kg de esperanzas
Y un amor que ocupaba todos los resquicios y espacios de mi vida.
Me siento más vacía que ligera.
4/1/09
No me pidas imposibles
No pidas que elija, ya lo hace la vida. Y a pesar de no errar en la mayoría de las decisiones, normalmente, no toma el camino que quisiera tomar. No quieras que dintel deje de pasear por las palabras para deambular por las personas. Se encuentra bien entre la gramática y las formas y es ahí donde quiere estar. Circula libremente entre paradojas sin que le llegue a afectar, del todo, la existencia en este mundo. No quiere decidir entre nada ni nadie. Prefiere la libertad de su “vagabundismo” y la soledad que deja el tejer su racionalismo a base de sintagmas.
No pidas a dintel algo que nunca va a poder dar.
No pidas a dintel algo que nunca va a poder dar.
28/12/08
Etílicos sentimientos
No es de fuera que viene el frío incomprensible.
La tela tejida con hilos de lejanía no abriga.
Me he perdido en una oscura latitud tan honda como la ignorancia.
Sigo desgastando mi alma con palabras absurdas.
Lágrimas vacías rellenas de nada.
Mi piel líquida y mis ojos cerrados de sol.
Fuera de ti, queman todas las palabras.
Las gotas de mi deshielo golpean, al caer, en el acero de mi supervivencia.
Su ruido constante me impide dormir.
La mitad de la vida la devora el dolor.
Nada ni nadie nos pertenece excepto la memoria.
La tela tejida con hilos de lejanía no abriga.
Me he perdido en una oscura latitud tan honda como la ignorancia.
Sigo desgastando mi alma con palabras absurdas.
Lágrimas vacías rellenas de nada.
Mi piel líquida y mis ojos cerrados de sol.
Fuera de ti, queman todas las palabras.
Las gotas de mi deshielo golpean, al caer, en el acero de mi supervivencia.
Su ruido constante me impide dormir.
La mitad de la vida la devora el dolor.
Nada ni nadie nos pertenece excepto la memoria.
20/12/08
Realidad
"Hay un momento en la vida en que doblamos una esquina y todo sigue igual pero ya nada es lo mismo".
18/12/08
Celia
A Sara no le gustaban los fines de semana, se los pasaba matando el tiempo como podía y deseando que llegara pronto el lunes por la mañana. Desde hacía dos semanas la profesora las había cambiado de sitio y ahora compartía pupitre con Celia, una niña que apenas conocía. Cursaban séptimo y Sara le había dirigido la palabra en contadas ocasiones.
Hacía tiempo que había descubierto las ventajas del cambio de sitio; aprovechaba tener una persona sentada al lado toda la jornada durante más de un mes para intentar fraguar amistad con ella. Con Celia fue diferente desde el principio, por mucho que se esforzó Sara en abrirse, aquella no quería intimar. Le decía bajito comentarios graciosos sobre lo que el profesor o profesora estaba explicando, pero Celia continuaba escuchando la explicación sin cambiar la mueca, haciendo caso omiso de ella. Sara dio paso a la siguiente estrategia, el secretismo; recién traspasado el umbral de la adolescencia existían muchas sensaciones nuevas qué comentar. Los Reyes Magos hacía tiempo que habían quedado atrás dando lugar a conversaciones sobre sexo, ese gran desconocido, y más para ellas, que iban a una escuela exclusivamente de señoritas regida por unas estrictas y afables monjas alemanas.
Un día, la clase acudió al laboratorio de ciencias a hacer un experimento con un huevo de gallina. A pesar del deseo de Sara, Celia no compartió grupo con ella y se sentaron alejadas. Sara prestó poca atención a la práctica y a las explicaciones del profesor y dejó que sus otras compañeras realizaran el experimento. Ella se dedicó a contemplar el comportamiento de Celia. Pensó que sin duda era tímida, porque sólo se limitaba a hablar cuando le preguntaban. Tenía una larga melena color castaño oscuro que le llegaba por la mitad de la espalda, el flequillo cortado recto tapándole la frente. Aún se le notaban algunas mechas castaño claras fruto del sol de verano. A Sara le gustaba la forma que tenía de mirar con sus ojos color miel, cristalinos y sinceros que resaltaban del resto de facciones redondeadas de la cara. No la miró ni una sola vez durante la clase. No estaba gorda, pero se veía llenita. Era un palmo más alta que ella, cosa que le daba la impresión de que andaba siempre tiesa y erguida. Sara pensó que ella no era tan guapa como Celia.
Se estaba empezando a cansar de tanto intento por conseguir su amistad sin obtener ningún resultado y, durante un recreo, después de haberle ofrecido un trozo de su croissant y ser rechazado su gesto, se dijo que hasta aquí había llegado y dimitió de toda intención de conquistar su amistad, y volvió a centrarse en las clases y a frecuentar antiguas compañeras y antiguos juegos de patio.
No tardó mucho en descubrir a Celia dedicándole una sonrisa, a primera hora, antes de empezar la clase de lengua, cuando ella se hallaba riendo con las chicas de la primera fila, sentada encima de la mesa de la profesora con las piernas colgando y con aire de adolescente rebelde. Al entrar la maestra, Sara fue a ocupar su puesto y Celia le pidió si le dejaba la goma. Se la dejó sorprendida porque se veía a la legua que no la necesitaba para nada. Encantada por este repentino cambio, se mantuvo en segundo plano dejando toda iniciativa a Celia, que parecía mantener una ardua lucha con su propia timidez. La situación divertía a Sara a la vez que la conmovía.
En pocos días, Sara y Celia pasaron a ser íntimas, compartían desayunos y patios, comentarios, cotilleos y deberes y un montón de secretos que las ubicaba sin lugar a dudas en el portal de la adolescencia. Sara cambió su ruta para volver a casa, así acompañaba a Celia hasta la suya, pero esta recogía a sus dos hermanas menores y a Sara no le quedaba otro remedio que compartirla.
Al llegar a casa siempre, le caía alguna bronca de su madre porque cada día se retrasaba, pero a Sara le daba igual, se sentía feliz y nada podía estropearle su sentimiento. Decidió que, una vez dejara a Celia y a sus hermanas en el portal, realizaría el resto del trayecto que le quedaba corriendo, y asunto arreglado.
Así pasaron un par de meses, Celia cada día más abierta y simpática con ella y Sara sintiéndose por las nubes. Hasta que una mañana, Celia se sentó a su lado sin saludarla. No le costó mucho tiempo a Sara descubrir que no le dirigía la palabra. Extrañada y nerviosa, no se puedo concentrar en la clase, ni en las siguientes. Sara le preguntaba: “Celia, ¿qué te pasa?” pero no obtenía respuesta. Al final, se sintió ridícula de tanto insistir y optó, con tristeza, no volver a realizarle ninguna pregunta. Por la noche, en la cama, nerviosa y triste, sintiendo que se derrumbaba todo, se intentaba esperanzar con la idea de que a lo mejor Celia había tenido un mal día y, mañana, todo volvería a ser como antes.
Pero no fue así, Celia no volvió a dirigirle la palabra nunca más y durante el resto de cursos escolares que les quedaban estuvo evitando a Sara continuamente.
Sara se hundió, la incomprensión de lo que había pasado no le dejaba pasar página, se sentía deprimida, triste y sin fuerza. Le daba igual el curso y las broncas de sus padres, sus amigas y todas aquellas cosas que antes le gustaban.
El último día de curso, toda la clase fue a comer a una pizzería cercana al colegio y aunque no tenía nada de ganas, Sara hizo el esfuerzo y fue. Allí se encontraron con un grupo de chicos que también estaban festejando el inicio de las vacaciones. Estuvieron coqueteando y riéndose en un tira y afloja de comentarios. Al final, el más machito de todos, se encaró a ellas y les dijo: “Todas las que van a colegio de monjas o salen putas o salen lesbianas”. Se hizo un silencio antes de que el abucheo femenino se comiera a los chicos y Sara sonrió, ahora tenía la certeza de cómo saldría ella. Lo comprendió todo.
Hacía tiempo que había descubierto las ventajas del cambio de sitio; aprovechaba tener una persona sentada al lado toda la jornada durante más de un mes para intentar fraguar amistad con ella. Con Celia fue diferente desde el principio, por mucho que se esforzó Sara en abrirse, aquella no quería intimar. Le decía bajito comentarios graciosos sobre lo que el profesor o profesora estaba explicando, pero Celia continuaba escuchando la explicación sin cambiar la mueca, haciendo caso omiso de ella. Sara dio paso a la siguiente estrategia, el secretismo; recién traspasado el umbral de la adolescencia existían muchas sensaciones nuevas qué comentar. Los Reyes Magos hacía tiempo que habían quedado atrás dando lugar a conversaciones sobre sexo, ese gran desconocido, y más para ellas, que iban a una escuela exclusivamente de señoritas regida por unas estrictas y afables monjas alemanas.
Un día, la clase acudió al laboratorio de ciencias a hacer un experimento con un huevo de gallina. A pesar del deseo de Sara, Celia no compartió grupo con ella y se sentaron alejadas. Sara prestó poca atención a la práctica y a las explicaciones del profesor y dejó que sus otras compañeras realizaran el experimento. Ella se dedicó a contemplar el comportamiento de Celia. Pensó que sin duda era tímida, porque sólo se limitaba a hablar cuando le preguntaban. Tenía una larga melena color castaño oscuro que le llegaba por la mitad de la espalda, el flequillo cortado recto tapándole la frente. Aún se le notaban algunas mechas castaño claras fruto del sol de verano. A Sara le gustaba la forma que tenía de mirar con sus ojos color miel, cristalinos y sinceros que resaltaban del resto de facciones redondeadas de la cara. No la miró ni una sola vez durante la clase. No estaba gorda, pero se veía llenita. Era un palmo más alta que ella, cosa que le daba la impresión de que andaba siempre tiesa y erguida. Sara pensó que ella no era tan guapa como Celia.
Se estaba empezando a cansar de tanto intento por conseguir su amistad sin obtener ningún resultado y, durante un recreo, después de haberle ofrecido un trozo de su croissant y ser rechazado su gesto, se dijo que hasta aquí había llegado y dimitió de toda intención de conquistar su amistad, y volvió a centrarse en las clases y a frecuentar antiguas compañeras y antiguos juegos de patio.
No tardó mucho en descubrir a Celia dedicándole una sonrisa, a primera hora, antes de empezar la clase de lengua, cuando ella se hallaba riendo con las chicas de la primera fila, sentada encima de la mesa de la profesora con las piernas colgando y con aire de adolescente rebelde. Al entrar la maestra, Sara fue a ocupar su puesto y Celia le pidió si le dejaba la goma. Se la dejó sorprendida porque se veía a la legua que no la necesitaba para nada. Encantada por este repentino cambio, se mantuvo en segundo plano dejando toda iniciativa a Celia, que parecía mantener una ardua lucha con su propia timidez. La situación divertía a Sara a la vez que la conmovía.
En pocos días, Sara y Celia pasaron a ser íntimas, compartían desayunos y patios, comentarios, cotilleos y deberes y un montón de secretos que las ubicaba sin lugar a dudas en el portal de la adolescencia. Sara cambió su ruta para volver a casa, así acompañaba a Celia hasta la suya, pero esta recogía a sus dos hermanas menores y a Sara no le quedaba otro remedio que compartirla.
Al llegar a casa siempre, le caía alguna bronca de su madre porque cada día se retrasaba, pero a Sara le daba igual, se sentía feliz y nada podía estropearle su sentimiento. Decidió que, una vez dejara a Celia y a sus hermanas en el portal, realizaría el resto del trayecto que le quedaba corriendo, y asunto arreglado.
Así pasaron un par de meses, Celia cada día más abierta y simpática con ella y Sara sintiéndose por las nubes. Hasta que una mañana, Celia se sentó a su lado sin saludarla. No le costó mucho tiempo a Sara descubrir que no le dirigía la palabra. Extrañada y nerviosa, no se puedo concentrar en la clase, ni en las siguientes. Sara le preguntaba: “Celia, ¿qué te pasa?” pero no obtenía respuesta. Al final, se sintió ridícula de tanto insistir y optó, con tristeza, no volver a realizarle ninguna pregunta. Por la noche, en la cama, nerviosa y triste, sintiendo que se derrumbaba todo, se intentaba esperanzar con la idea de que a lo mejor Celia había tenido un mal día y, mañana, todo volvería a ser como antes.
Pero no fue así, Celia no volvió a dirigirle la palabra nunca más y durante el resto de cursos escolares que les quedaban estuvo evitando a Sara continuamente.
Sara se hundió, la incomprensión de lo que había pasado no le dejaba pasar página, se sentía deprimida, triste y sin fuerza. Le daba igual el curso y las broncas de sus padres, sus amigas y todas aquellas cosas que antes le gustaban.
El último día de curso, toda la clase fue a comer a una pizzería cercana al colegio y aunque no tenía nada de ganas, Sara hizo el esfuerzo y fue. Allí se encontraron con un grupo de chicos que también estaban festejando el inicio de las vacaciones. Estuvieron coqueteando y riéndose en un tira y afloja de comentarios. Al final, el más machito de todos, se encaró a ellas y les dijo: “Todas las que van a colegio de monjas o salen putas o salen lesbianas”. Se hizo un silencio antes de que el abucheo femenino se comiera a los chicos y Sara sonrió, ahora tenía la certeza de cómo saldría ella. Lo comprendió todo.
15/12/08
Mientras duermes el día despunta
Dejarte en la cama con el sueño abrazándote y ese olor a sexo nocturno mientras tengo la obligación moral de acudir a mi trabajo, me provoca una fricción entre la razón y el corazón. ¿Qué loca es capaz de abandonar tu lecho sin esperar a que el sueño se difumine en las dos? ¿Qué enajenada puede ser capaz de perderse el dulce abrir de tus ojos entre desperezos y ruiditos? ¿Qué inconsciente es capaz de no mantener esa lucha entre razón y corazón cuando se observa la placidez del dormir en tu rostro?
Permítanme los dioses permanecer enfadada el día que no pueda contemplar la retirada del alba en tu sueño.
Permítanme los dioses permanecer enfadada el día que no pueda contemplar la retirada del alba en tu sueño.
10/12/08
Noches
Arrojo la bilis estomacal de primera hora de la mañana en el váter. Me he levantado bien pero al entrar en la cocina para prepararme el desayuno me han cogido náuseas. Me estiro un rato en la cama a ver si se me va el mal cuerpo.
Ayer me pasó lo mismo.
Es lo que tiene no dormir. En mi mente se repite una cosa que leí en algún libro sobre el cuento de la cenicienta; toda persona tiene posiblidad de transformarse y el precio de dicha transformación es perder algo.
Las campanadas del lejano reloj parecen doce parcas. Todas hieren y la última mata.
Ayer me pasó lo mismo.
Es lo que tiene no dormir. En mi mente se repite una cosa que leí en algún libro sobre el cuento de la cenicienta; toda persona tiene posiblidad de transformarse y el precio de dicha transformación es perder algo.
Las campanadas del lejano reloj parecen doce parcas. Todas hieren y la última mata.
1/12/08
Tú y yo
Caminas sin pisar, como si pasases por encima de un sueño, pero yo siento tus pasos y me quedo quieta, aprendiendo el silencio.
Hipan las vigas de tu casa intentando calmar desconsolados llantos. Te vieron nacer entre carcajadas y evitan ser testigos de tu finitud.
Ecos frágiles de tu lejana alegría siguen rebotando en las paredes y en los techos, y avanzan por los oscuros pasillos difuminándose, ¡cómo duele el silencio!
Tu desaparición define un nuevo concepto de silencio, el de la ausencia y el del recuerdo. Se oye el vacío por mis adentros.
No queda ninguna sonrisa de tu sangre sobre el frío mármol. Celebras la muerte como la vida. Todo me es ajeno. Contigo no es posible empezar de nuevo.
Hipan las vigas de tu casa intentando calmar desconsolados llantos. Te vieron nacer entre carcajadas y evitan ser testigos de tu finitud.
Ecos frágiles de tu lejana alegría siguen rebotando en las paredes y en los techos, y avanzan por los oscuros pasillos difuminándose, ¡cómo duele el silencio!
Tu desaparición define un nuevo concepto de silencio, el de la ausencia y el del recuerdo. Se oye el vacío por mis adentros.
No queda ninguna sonrisa de tu sangre sobre el frío mármol. Celebras la muerte como la vida. Todo me es ajeno. Contigo no es posible empezar de nuevo.
29/11/08
El muro
Me pierdo entre mis murallas que algún día, puede que en mi infancia, fueran blanquecinas. La vida nos cambia y nos encierra dentro de nuestros miedos y angustias. Mil esperanzas, mil expectativas se mitifican y se amontonan formando las piedras de ese muro. Así perdemos nuestra infancia, así crecemos en la monotonía, sedimentando ilusiones incumplidas.
¿Qué sentido tiene salir de nuestro perímetro? El muro protege aquello que sentimos. “Cuando más te miras una cosa, más se transforma” por esto vivimos tras la palpebral pared alta.
¿Qué sentido tiene salir de nuestro perímetro? El muro protege aquello que sentimos. “Cuando más te miras una cosa, más se transforma” por esto vivimos tras la palpebral pared alta.
27/11/08
26/11/08
Sátira de la pequeñuela
Se nos ha enamorado la pequeñuela. Ha vestido sus palabras con poemas, sus días con flores y sus momentos con suspiros. Ha puesto toda su esperanza en este nuevo amor. Da igual la distancia porque es solvente para viajar lo que haga falta.
Ya no siente vacío por la noche porque desde la cama, el teléfono aporta carantoñas de su amada. ¡Qué terrible la distancia cuando se ama tanto!, piensa durante el suspiro que la transporta en brazos de Morpheo.
Le maravilla cómo brillan los días, las jornadas de trabajo y el camino hacia el súper. Durante todos estos años de soledad, nunca se había dado cuenta que su alrededor tuviera tanta luz, fuera tan hermoso.
Con sus amistades, pasó lo mismo, dejaron de ser cotidianas y anodinas y se sintió llena de ellas, casi desbordada. Estaba exultante, la pequeñuela Midas, todo lo que tocaba se convertía en poema y poema era amor, su amor, su lejano amor.
Consiguió juntar unos días y pidió unas vacaciones, necesitaba acortar distancias. La imaginación, amiga y mala consejera del corazón, la exaltaba con mil historias que la llenaban de gozo y le hacían sentir más feliz que a la lechera.
Por fin, llama la pequeñuela a la puerta de su amada. No se abre. No contesta. No debe estar en casa. Qué extraño. Qué curioso, si sabía que venía… Se sienta a esperarla con la puerta de respaldo.
Un siseo y aparece un sobre deslizado bajo la puerta. Abre la carta. Lee muy torpe y despacio. Mil palabras. Mil excusas. No te quiero entre líneas. El corazón se ha acelerado. Carraspea. Nudo en la garganta. Se siente imbécil. Dejada.
Vuelve a su casa la pequeñuela con la lección aprendida. Acompaña a su llanto unos versos de despedida, que algún famoso poeta pensó que necesitaría. Suspira de vacío la pérdida. Vuelve a su antigua vida. Rompe todos los espejos. No quiere ver que su cara ha perdido la sonrisa.
Ya no siente vacío por la noche porque desde la cama, el teléfono aporta carantoñas de su amada. ¡Qué terrible la distancia cuando se ama tanto!, piensa durante el suspiro que la transporta en brazos de Morpheo.
Le maravilla cómo brillan los días, las jornadas de trabajo y el camino hacia el súper. Durante todos estos años de soledad, nunca se había dado cuenta que su alrededor tuviera tanta luz, fuera tan hermoso.
Con sus amistades, pasó lo mismo, dejaron de ser cotidianas y anodinas y se sintió llena de ellas, casi desbordada. Estaba exultante, la pequeñuela Midas, todo lo que tocaba se convertía en poema y poema era amor, su amor, su lejano amor.
Consiguió juntar unos días y pidió unas vacaciones, necesitaba acortar distancias. La imaginación, amiga y mala consejera del corazón, la exaltaba con mil historias que la llenaban de gozo y le hacían sentir más feliz que a la lechera.
Por fin, llama la pequeñuela a la puerta de su amada. No se abre. No contesta. No debe estar en casa. Qué extraño. Qué curioso, si sabía que venía… Se sienta a esperarla con la puerta de respaldo.
Un siseo y aparece un sobre deslizado bajo la puerta. Abre la carta. Lee muy torpe y despacio. Mil palabras. Mil excusas. No te quiero entre líneas. El corazón se ha acelerado. Carraspea. Nudo en la garganta. Se siente imbécil. Dejada.
Vuelve a su casa la pequeñuela con la lección aprendida. Acompaña a su llanto unos versos de despedida, que algún famoso poeta pensó que necesitaría. Suspira de vacío la pérdida. Vuelve a su antigua vida. Rompe todos los espejos. No quiere ver que su cara ha perdido la sonrisa.
25/11/08
El color del cristal
Cuando me posiciono sobre algún tema, cosa que suele ser la constante de mi vida, y justificando mis pareceres y pensamientos lo defiendo, juego a adivinar por qué “petenera” me puede salir la gente para contraargumentarme.
Por muy creativa, imaginativa, fantasiosa, realista, minuciosa y meticulosa que pueda llegar a ser en la confección del espectro de las opiniones ajenas, siempre llegan a sorprenderme ya que me muestran gamas que no he contemplado. Esto me hace sentir muy bien: apoya la idea de que aún me queda mucho por aprender.
Por muy creativa, imaginativa, fantasiosa, realista, minuciosa y meticulosa que pueda llegar a ser en la confección del espectro de las opiniones ajenas, siempre llegan a sorprenderme ya que me muestran gamas que no he contemplado. Esto me hace sentir muy bien: apoya la idea de que aún me queda mucho por aprender.
21/11/08
Ven
Arrulla con tu nana mi desvelo, acuna en tu amor mi temblor, que estoy suspendida en la oscura noche evitando la nostalgia. El ansia me persigue y la dirijo sin quererlo hacia ese norte magnético del deseo: tu cuerpo. Gozo y temblor en un mismo gesto. Golosina de mi noche es tu recuerdo. En mi fantasmagórica danza se halla el anhelo, en tu presencia, lo tierno.
Ven y sé mi justa recompensa, aquella dulzura que me corresponde, acompaña mis horas tristes acentuando mis átonas melodías; que yaga tu piel junto a la mía labrando todos mis sueños. Sólo así amanecerá mi alma, sólo así no viviré de recuerdos.
Ven y sé mi justa recompensa, aquella dulzura que me corresponde, acompaña mis horas tristes acentuando mis átonas melodías; que yaga tu piel junto a la mía labrando todos mis sueños. Sólo así amanecerá mi alma, sólo así no viviré de recuerdos.
20/11/08
Descubriéndome
Estoy cansada y dolorida, me siento vulnerable, fácil presa ante cualquier pensamiento fortuito y lúgubre. Hoy he entendido el porqué de los cuernos.
Soy poseedora de ellos. Los serré con cuidado cuando se acabó la relación y los he puesto sobre el bufé del comedor: no quiero olvidarme nunca de ellos. Dolieron. Y lo peor no fue el dolor, sino el empezar a vivir en desconfianza. El no distinguir los fantasmas de la realidad. El querer y odiar a la vez. El convivir con la intranquilidad.
—¡Deja de atacarme con ese tema —me chillaste un día—, seguro que en tu carcaj han de quedarte otras flechas!
Ella siempre tan literaria, de qué libro sacaría esa frase que atravesó mi corazón como un disparo.
Pero hoy he visto claro lo que hace la gente, da comienzo a una nueva relación sabiendo que ello cambiará las cosas para siempre.
Estoy cansada y dolorida y me siento vulnerable porque pienso en la alevosía latente en su romance para destrozar lo que honestamente no se atrevió a romper, nuestra relación.
Soy poseedora de ellos. Los serré con cuidado cuando se acabó la relación y los he puesto sobre el bufé del comedor: no quiero olvidarme nunca de ellos. Dolieron. Y lo peor no fue el dolor, sino el empezar a vivir en desconfianza. El no distinguir los fantasmas de la realidad. El querer y odiar a la vez. El convivir con la intranquilidad.
—¡Deja de atacarme con ese tema —me chillaste un día—, seguro que en tu carcaj han de quedarte otras flechas!
Ella siempre tan literaria, de qué libro sacaría esa frase que atravesó mi corazón como un disparo.
Pero hoy he visto claro lo que hace la gente, da comienzo a una nueva relación sabiendo que ello cambiará las cosas para siempre.
Estoy cansada y dolorida y me siento vulnerable porque pienso en la alevosía latente en su romance para destrozar lo que honestamente no se atrevió a romper, nuestra relación.
19/11/08
Haciendo un poema escribir un amor
Quítate los zapatos, lanza lejos tu falda, te propongo un desnudo. Déjame quitarte la blusa y arrojarla sobre los escalones del olvido, con tus miedos y reservas. De rodillas permíteme trepar hasta tus bragas y despojarte de ellas, para perder mi corazón en los pliegues de tu sexo, mientras, con la tinta transparente de mi boca escribiré un poema sobre tu cuerpo. Arrullarás mi persona con el ritmo que brota de tu secreto. La palabra no existe, sólo jadeo y silencio.
16/11/08
¿Sonámbula?
En la noche, me he despertado gótica, paseando sonámbula por las habitaciones mal iluminadas de la muerte. He vuelto a mi habitación y me he concedido un minuto eterno para tomar conciencia de lo que me ocurría. Al hacerlo, mi vida ha salido corriendo de la estancia y no he hecho ningún ademán por perseguirla. Sobre mi almohada veo un pugilato de sombras por conseguir la guadaña.
Miro por la ventana. Se despliega el día innumerable. Noto una alarma interior que me avisa de que todo es extraño. Quiero leer a través del cristal las páginas del paisaje, pero he perdido las gafas o nunca las tuve. Oigo el parpadeo de un río, no muy lejos pero no recuerdo que haya ninguno cerca.
Sé que la vida me fue dada para que la consumiera. Qué terrible sensación de inminencia y desamparo. Tengo la vaga conciencia de que conozco el fin. La tarde se alargará hasta su desfallecimiento. Me siento injuriada por el tiempo.
Miro por la ventana. Se despliega el día innumerable. Noto una alarma interior que me avisa de que todo es extraño. Quiero leer a través del cristal las páginas del paisaje, pero he perdido las gafas o nunca las tuve. Oigo el parpadeo de un río, no muy lejos pero no recuerdo que haya ninguno cerca.
Sé que la vida me fue dada para que la consumiera. Qué terrible sensación de inminencia y desamparo. Tengo la vaga conciencia de que conozco el fin. La tarde se alargará hasta su desfallecimiento. Me siento injuriada por el tiempo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)