30/7/26

Mi balcón

Estoy escribiendo en mi balcón. Empieza el calor porque el sol se acerca y acecha mi barandilla. Hasta ahora, había como un aire fresco que me permitía estar tranquilamente dibujando. Me están cogiendo unas ganas locas de acabar mi escrito para desplazarme al interior de la casa, que en sombra siempre se está mejor. 

Desde que salgo a dibujar utilizo un pequeño truco que me hace estar en la gloria. Coloco mi mesa rectangular perpendicularmente a la pared de casa y pongo mi silla a la altura de la puerta de salida al balcón. ¿Qué consigo? Como tengo todas las ventanas de casa abiertas, mientras que el sol no ataca, estoy en medio de una corriente de aire fresco que me mantiene energéticamente climatizada para poder trabajar sin somnolencia y con muchas ganas.

Ahora, a penas a una hora de que el sol invada mi territorio, el aire ha empezado a tornarse cálido y pegajoso. Parece que esté elucubrando, pero no es así. Sencillamente me hallo orgullosa de haber descubierto el truco de la corriente. Escribiéndolo será el legado que deje a todos aquellos que tengan balcón y les quepa una silla, que hay balcones que son cinturones (no es muy visual la imagen, pero rima).

Veo que se ha establecido un gran silencio…

¡Sí ya lo digo yo!, con este calor, solamente se pueden escribir tonterías.


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