Mostrando entradas con la etiqueta Silencios. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Silencios. Mostrar todas las entradas

28/12/20

El ciclo del dolor

Perdona si no consigo arrancar de mis palabras este tono punzante cuando hablo de ti. La maledicencia se ha instalado en lo más hondo de mi garganta desde que no estás conmigo. Vivo perdida en un maridado de recuerdos que, su único fin, es anestesiarme el dolor que siento, dolor que ha impregnado mi vida y mis actos.

Es locura seguir amándote si no te tengo y, masoquismo, pasar los días guardándote un espacio a mi lado en la cama. El tiempo quiere atemperar este vacío doloroso que me acompaña, pero sus caricias no han hallado cabida en mi desasosiego. No permito que nadie quiera borrar tu recuerdo.

Sé que a veces, sobre todo cuando hablamos, me comporto con afectada inmadurez, con una especie de alegre desdén que no pretende otra cosa que ocultarte lo que estoy sufriendo, los jirones en los que he convertido a mi persona, noche tras noche, llorando por ti, teniendo la absoluta consciencia de que te he perdido para siempre.

Te veo, te veo y te miro sin que te des cuenta. Busco, con mi inagotable inventiva, cualquier momento para coincidir. Y tú me giras la cara, no me saludas y oigo como mi corazón tintinea y chirría porque se le ha hecho bola el amor. Traviesa egolatría la mía que hace ver que no le importas y que no vive por estar pendiente de ti a cada instante.

Tú no te percatas de mi evidente incapacidad para negarte algo. Pero a cada vez que se cruzan nuestras miradas, se borra una parte de mí, y, cada vez que desaparezco un poco, me siento más cerca de expiar el haberte perdido.

Vivo en la nítida narrativa secuencial de no aceptar que te he perdido.

24/12/20

¿Aún quedan cosas por decirnos?

Más que nunca, tenemos necesidad de hablar de nosotras. De deshilar el pasado para ver en qué nos equivocamos. Ya no reflejamos nuestra culpa en la otra, hablamos desde la tranquilidad que otorga saber que todo está perdido; que cada una tomó su camino con la lucidez que el dolor nos quiso permitir. Ya no hay vuelta atrás en los actos. Solo nos queda recordar lo felices que fuimos juntas y vivir esta mentira que estamos viviendo.

¿Qué la vida continua? No es cierto, se paró tras el portazo. Que no es lo mismo vivir que existir, lo siento. Y con el paso de los días, la esperanza, que en un principio era ávida e infantil, se mustia en mis entrañas y queda colgada y seca, de esa costilla, que no es la de Adán, sino la que tu acariciabas.

Porque hablar de nosotras es volver a estar juntas, es revivir el roce de nuestros cuerpos, tu olor, mi olor, el despertarnos una al lado de otra cada mañana, vivir entre besos y carcajadas, ducharnos piel a piel, dejando que el agua jaleara nuestro amor. Porque hablar de nosotras es olvidarnos de nuestras vidas y buscar un agujero negro en el universo e imaginarnos que, es allí, donde vive nuestro amor.

Lo peor, es que ahora nos toca hablar en pasado, porque nos cargamos el futuro hace tiempo y se vive este presente como un infinito vacío.

22/12/20

Escuchame

Te propongo un reto: mírame a los ojos y si en el fluir de tu mirada, no se te escapa el amor, me acercaré a ti poco a poco, te besaré en los labios, daré media vuelta y desapareceré de tu vida, sellando con ese beso mi definitivo adiós.

Y nunca sabrás, que moriré pensando en mi existencia como un fracaso, pues no he sabido mantenerte a mi lado y que habré muerto, aterrada por el miedo al no tenerte.

Y habré vivido con el corazón maquillado, para que nadie viera las ojeras de mi alma, de tantas noches de insomnio repitiendo tu nombre, mi mantra, hasta que el sol desgarre de nuevo mi esperanza y, en secreto silencio se despedace la imagen que de ti recuerdo.

Pero, si en esa última mirada, me noto, por ti, acariciada, cojámonos de la mano y saltemos a una nueva órbita, para amarnos y querernos, como solo tú y yo sabemos.

15/12/20

Facsímil

Cuando creí que ya lo había superado, que ya había conseguido levantarme y empezar a andar de nuevo, aparece ese jersey, tan tuyo, tan nuestro y me invade tu olor; y se me agarra el recuerdo a la cintura y en un momento despierta todo aquello que pensé había matado el tiempo y he descubierto dormido.

Y si de una película se tratase, me rompería los nudillos dando un puñetazo a la pared y acabaría sentada sobre las baldosas del suelo del baño, llorando entre mocos, hipadas y rabias; pero el dolor no me hace perder la cabeza hasta este extremo y me pongo a bailar porque no hay nada más deprimente que bailar con los pasos del pasado. Bailar un baile que ya fue bailado en pareja y que ahora, en soledad, suena casposo y estropeado, mustio y algo arrugado.

Vivo en la Zona Fantasma de cristal, viajando a la velocidad luz en un espacio interestelar perdido entre dos partículas subatómicas, lo que comúnmente se dice: sigo enamorada de ti.

13/12/20

Hablar contigo de nuevo

Cuando hablamos, se me hace mucho más notorio que te añoro y que añoro tu cuerpo. Que, en este, nuestro eterno juego, ya he perdido. Como reza la canción, ganaste al perderme y yo perdí al perderte. Pero, ¿qué escribo?: hemos perdido las dos, tanto, que ya ni nos reconocemos.

Sigo agarrada al madero que me sostuvo durante nuestro naufragio y, cuando estoy a tu lado, mis pies vuelven a tocar tierra y parece que nunca hubiéramos quemado nuestro barco. Pero, a la que te vas, sigo aterida agarrada a ese tablón que ahora es balsa y salvamento.

Me ayudas desde el desconocimiento de ello. No sabes que eres mi único salvavidas, que solo tu calor puede devolverme el color, la vida y la sonrisa.

No puedo creer que lo nuestro fuera un cuento más, de esos que acaban mal, que el olvido entierra en el tiempo. ¿El olvido? Yo no he podido olvidarte, ni tú tampoco a mí. Te necesito cerca para poder dejar ese tarugo que me mantiene a flote. Te necesito porque no quiero pensar al morir, que la vida solo me ha servido para mantenerme a flote. Te necesito porque eres la única que sabe leerme entre líneas y es a través de ti que me entiendo yo.

No me hagas caso. Son los espejismos que crean los escombros flotantes del pasado los que me hacen hablar así.

9/12/20

Tu opinión, en tu bolsillo

Si no has estado donde estoy yo, no puedes opinar. Sígueme.

Ven a mi lado y contempla el inmenso vacío que tengo ante mí. Calla, solo contempla. El pensamiento se te llenará de angustia y la sangre cristalizará en tu alma. ¿Sientes esos pinchazos que preceden a la muerte, esa muerte en vida que es haber aniquilado el amor? ¿Ves cómo se distorsiona el tiempo desde aquí? Un día, dos, cuatrocientos y la oscuridad instalada en los itersticios del pensamiento. ¿Cómo se puede vivir así? ¿Cómo se puede morir así? Aquí el aire es espeso, ¿puedes respirar? Cuesta. Está lleno de errores y equivocaciones que se encadenan y fraccionan el oxígeno que entra en los pulmones, y te oprimen la angustia y el remordimiento. Aquí dentro no existen los sueños. El espejismo es su propio espejismo, paradoja del espejo dentro del espejo. No duermes, ¿notas el cansancio en los párpados? Es la pena que se columpia en tus lágrimas hasta que las trenza y las convierte en sal, que aja y corroe todo aquello que toca. ¿Ves cómo las manos se han olvidado de acariciar? Y con el olvido, el entumecimiento del gesto; y con lo estático, una estatua glacial. Y tintinea en mis labios un último aliento: Perdóname tú, porque yo no puedo: te dejé marchar.

8/12/20

Ancladas entre el tiempo

Pensé que nunca más volvería a beber tus lágrimas. Que todo había acabado. Que eras feliz lejos de mí y que yo también lo era o, al menos, eso hacía creer a mi alrededor defendiendo una vida monacal en soledad.

Pensé que nunca volveríamos a reír juntas, a burlarnos del mundo, de nosotras y de nuestras desgracias. Pensé que no volveríamos a mirarnos a los ojos sin necesidad de decir nada porque ya todo lo dijimos para siempre.

Pensé que mis ratoncillos nunca más se activarían porque ya no volvería a estar a tu lado, ese lado que me hace sentir tu calor.

No sé lo que quiero. Estoy hecha un lío. Ni puedo pensar en lo que necesito, por si en ello no estás tú.

Todo el dolor y el tiempo de separación desaparecen cuando se cruzan nuestras miradas. Me siento todo un desastre, no soy capaz de superarte; y lo sabes, sabes que te continúo amando como siempre, que no sé vivir ni sobrevivir.

Escucho música que desgarra mi corazón porque es la única manera de sentirme viva. Habito en mí, pero no soy mi hogar, porque mi hogar estaba en tu corazón.

Es maravilloso haberte recuperado por unos minutos y haberme perdido de nuevo en la inmensidad del dolor. Me siento más viva que nunca reiterando que te he perdido.

7/12/20

Decisión de vida

Es cuando me pierdo en tus azules que me siento viva, cuando el corazón late al ritmo del amor y siento que estoy llena de vida y que la vida está llena de mí.

Pero mi castigo es vivir sin tu mirada, sin beber de tus palabras, ni amparame en tu calor. Observo los amores de otros y suspiro y prefiero dormir. Durmiendo, puedo volver a pasear a tu lado con la sensación de que soy universo y de que todo está bien.

El dolor nunca viene de cara, es algo cíclico que te va dando cuando menos te lo esperas. Te cambia de manera que ya ni te reconoces. No confías en ti misma porque te da igual vivir o morir.

La idea de no tenerte en mi vida, es tan dolorosa, que no puedo vivir. Y, te prometo, que he intentado superar esta pena. He intentado perderme en otros colores y no consigo que tu recuerdo me traiga paz. No consigo apaciguar la aflicción que me causa el haberte separado.

Fue decisión de vida vivir sin ti, no sabía que con ello agonizaría.

26/11/20

¡Señora!

Mientras caminaba por la calle, me ha llamado una señora para darme algo que se me había caído: ¡Señora!

Lo he mirado extrañada porque no lo he reconocido. La señora ha insistido que era mío, que lo había visto caer. Yo lo negaba y ella lo afirmaba rotundamente. Me lo he guardado en un bolsillo, más que nada, para que me dejara en paz, con la idea de, a la que perdiera de vista a la señora, tirarlo en una papelera.

Caminaba con las manos en los bolsillos e iba haciendo rodar la pieza entre mis dedos para ver si la memoria táctil, por vez primera, ganaba a la visual. Nada de nada. Eso no era mío.

¡Qué errada que estaba! Cuando me he quitado el abrigo para colgarlo en el perchero de la entrada, me he dado cuenta que faltaban trozos de mí. Me he horrorizado al verme incompleta, ajada y vieja. Y es lo que tiene envejecer: el pegamento que une todos los pedazos en los que te has ido rompiendo también obedece a una obsolescencia programada.

Mejor me arranco los pedazos y los guardo en una cajita, al menos no los perderé.

25/11/20

Esto nunca será el final

Los pasos no sé si los doy para adelante o para detrás. Te siento y te veo y se me remueve el pensamiento. Pasa el tiempo, sí, y sin embargo yo lo tiento, como si hubiera sido ayer mismo nuestro último beso. Añoro besarte, tanto, que me duele el deseo. Y siento tanto tu ausencia como tu recuerdo. Y tengo ganas de decirte que te quiero, y aunque ya sé que tú no, necesito decírtelo de nuevo.

13/11/20

En bucle

No sabes, no, lo que me pasa por la mente. Te eché fuera de mi pensamiento y el tiempo se ha encargado de perdernos en distintos horizontes. Pero cerca del hipotálamo, donde se supone que nada el amor, quedó anclada una triza de tu recuerdo en espera a ser izada de nuevo al tálamo que tantas veces nos desvistió.

Piel con piel, se aviva el fuego, y las llamas ilusionan la evocación hasta parecer que estas a mi lado. Nos respiramos y nos bebemos, y yo, arrepentida, engancho triza con triza para construirte de nuevo. Quiero estar contigo. No necesito más que eso. Mientras tanto, te busco dentro de mí. No te encuentro. Caigo. Lloro. Despierto. Reinicio de nuevo el sueño.

10/11/20

¿Es el final?

Con mi traje negro de duelo, me duelo, y me siento en silencio delante de la puerta de casa, que un día fue hogar, hoy, vacío y mañana, tumba, esperando a que vuelvas conmigo. Tantos finales tuvimos que ahora no sé si fuimos y acabamos o acabamos lo que fuimos. Pero, el caso, es que pasan los días y queda el estómago lleno de ratoncillos aletargados, poco expectantes, por la incertidumbre de no saber si vuelves o vas o vienes para atravesar mi espectro.

En mi mano, tú última nota. Tocar la tinta, la hoja y la esencia que dejaste al escribirla, me quema el alma. Te tuve y no te tengo, te quise y te sigo queriendo. Ahora, mi vida es ceniza en un viejo cenicero.

Al principio, llené tu hueco con tormentas y neblinas, maremotos y escollos. ¿Qué absurdo andamiaje construí con tu ausencia? Vino el tiempo y, en un par de tic tacs, me vació de nuevo. Ahora, callo y vivo del recuerdo. Me balanceo sobre mi sombra y beso, bebo y me alimento de tu última nota, que analizo, destilo y descompongo hasta la locura, pensando si, ella, contendrá tu definitivo adiós.

9/11/20

Lo puto peor

Ir a peor cuando piensas que ya estás bien y descubrir que hace tiempo que dejaste de estarlo. Me engaño y el lodo de todo es que me creo mi propio engaño y vivo feliz. Hasta que, por ejemplo, me compro un ramo de flores que solo puedo regalar a tu ausencia. Y llego a casa. Y lo arreglo en un jarrón. Y me obligo a convivir con él hasta que no le queda ápice de vida y verlo mustio, ajado, con los tallos putrefactos en un agua putrefacta es como ver mi alma en el espejo.

La vida, señora feudal de los corazones heridos, me fustiga con su látigo de siete tiempos para que pierda el equilibrio y desespere. Me empuja a finiquitarme sobre los brazos de Baco; mientras, entre trago y trago descubro que aún no he tocado fondo, que lo que estoy tocando con mis yemas es la fina superficie de mil espejos reflejados y mil fondos donde caer.

7/11/20

Cuando te veo

 

Encarcelada en el mismo instante,

dejo que pase el tiempo.

Cicatrizó ya en su momento,

la herida que tú me causaste.

No con ello quiero culparte,

pero así es lo que yo siento;

lanzo un infinito lamento:

te fuiste y te vas,

amor errante.

Alfiletear mi cerebro

 es tu forma de vengarte

y, aunque niegues,

es bien cierto,

 que, a pesar del daño, tiemblo

 y no consigo olvidarte.

Amarte a ti es todo un arte

y me trago tu veneno,

que, a sorbos, saboreo

 desde el día en que me dejaste.

6/11/20

Acto reflejo

Respiro.

Nunca sé que es lo que vivo

El silencio me acompaña hasta el olvido.

Suspiro.

Con la oscuridad ceñida a la cintura,

a la impotencia, las moléculas constriño

y convierto circunstancias en anhidro.

Subsisto.

Para vestir santos, tu recuerdo desvisto

mientras caigo en un desconocido abismo

Aspiro.

Ya no siento tu abrigo

Inspiro.

Agria broma la de Cupido

Respiro.

Delito haberte perdido

Expiro.

Llegó lo que había temido

No existo.

No existo, tú te has ido.

5/11/20

Una vez más

 

Me rompí. 

Me rompí de nuevo, 

en mil pedazos, 

en vacíos eternos. 

En una herida constante 

que gravita en el infierno 

y quema 

y punza

y aja 

lo que ya creía un sueño.


Me rompí. 

Esparcida por el suelo, 

mis recuerdos mutilados 

contornean los deseos 

y tu ausencia, 

convertida en un duelo, 

nubla, de la esperanza, el cielo.


Sangre, 

desamor 

y entraña 

tiñen mi vida de negro.