Mostrando entradas con la etiqueta Dintelada. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Dintelada. Mostrar todas las entradas

11/10/22

Mil proyectos y un cansancio

Mi mente, que ebulle constante, no para de cocer proyectos. Ni que decir tiene, que no tengo vida para poderlos realizar todos. Pero ella sigue, sigue creándolos hasta el punto que no me permite tener tranquilidad. Tanto es así, que Doña Libretas que soy yo, está pensando en empezar una de nueva para apuntar esos proyectos que me aparecen de repente y se instalan, si no les hago caso, en seguida en el olvido.

Tengo bastantes de iniciados y no concluidos. Estoy cansada. Trabajar todo el día con tanta intensidad, ahora, a mi edad, me agota y cuando llego del trabajo, por la tarde, después de haberlo dado todo, solo me apetece sofá y peli. Pero mi mente no se adapta al cansancio ya que este es solo físico, por lo cual, no va con ella; y sigue creando y creando y teniendo ideas, que a mí me parecen geniales y que, al no realizarlas, me provocan inquietud.

Y pasa un día y otro y así hasta pasar años y las ideas se acumulan y llegan hasta doler. ¿Dónde está aquella energía que desbordaba por mis poros? ¿Dónde están las ganas de ponerme a ello?

Por ahora tengo un blog que despertar, un Instagram de viñetas que no olvidar y dos libros que promocionar, además de tres libros por acabar y “una imagen al día” por no abandonar. También están mis lecturas, mis juegos, mis puzles mecánicos, mi teatro y mis amigos… y lo único que hago al volver a casa es dejarme engullir por el sofá. ¿Alguna vez volveré a ser la misma de antes?


9/10/22

Médicos y otros bichos

Me quedé afónica; bueno, en realidad, disfónica, que siempre empleamos el término mal; la partícula “a” delante de “fónica” quiere decir “sin voz” y yo no me quedé sin voz, la tenía totalmente afectada y casi no se me oía, porque tenía las cuerdas vocales inflamadas, pero no me quedé sin ella.

Fui al médico. Un médico que no conocía porque resulta que llevo una buena temporada que van desapareciendo mis médicos de “siempre” (véase el término siempre como: a partir de 10 años), o por jubilación, o por defunción o por “ya no trabaja con nosotros”. Después de esperar hora y media: me dieron la hora de la cita mal, llegó tarde, visitó a cinco pacientes antes… Pues eso, después de esperar tanto, entro en la consulta, le intento explicar lo que me pasaba y me dice:

¡Tose!

¡Cof-cof-cof! hago yo.

Bien, tienes una infección bacteriana; tómate este antibiótico y este mucolítico, cinco días.

Y me acompañó a la puerta de la consulta y adiós muy buenas.

No tardó ni un minuto en diagnosticarme. Me quedé tan flipada que no le hice ninguna pregunta. No había estado en la consulta ni cinco minutos. Al salir, el siguiente paciente, supongo, exclamó: “¡qué rápido! Le hubiera contestado, “ni que lo digas” (que es una forma popular de decir: “ni que decir tiene”), eso sí, le hubiera contestado si no hubiera estado disfónica.

Caminé hasta casa como si estuviera hipnotizada y antes de llegar fui a la farmacia a comprar lo que me había recetado. Una vez en el piso, nos sentamos en el piso, mis bacterias y yo. Necesitaba un tiempo, y supongo que ellas también, para digerir que me había diagnosticado por el ruido de mi tos.

A pesar de las medicaciones, mis baterías se lo están pasando chupi conmigo: tres días después, me encuentro mucho peor que cuando fui al médico, supongo que es el proceso. Recuerdo que siempre se ha dicho: tres días de subida y tres de bajada. Hoy estoy en el cuarto. 

Solo me queda tener fe y seguir hidratándome.

27/12/21

Sus realismos

Después de la aclaración, vengo a deciros que os escribo, sencillamente, porque quiero. El objetivo de esta carta no va a ser el de comunicarnos, aunque, bien se sabe, que es un objetivo implícito en el concepto y que se cumplirá al cumplir el objetivo primordial: escribir una carta.

Puede, quizá, tal vez, esta carta no llegue a vuestras manos; no os extrañe nada, ya que me hallo en vías de hacer obra creativa y hasta no concluirla y ver el resultado final, no sabré si es digna de ser dada a conocer.

Omito escribir con mi puño y letra para que no se produzca ningún trastorno de lectura.

El fin de esta misiva es escribir, cuánto más mejor, sin tener nada que decir. Voy a evitar el tema hasta en la propia esencia de esta carta, ¿qué os parece?

Situación espacial: estoy sentada en mi habitación, con la puerta abierta, inclinada sobre mi escritorio, escribiendo. Tengo música puesta que llena el hueco del entorno y me transporta, sentada en la clave de sol, al pasado; un pasado, pasado, puntualicemos.

Situación temporal: Va a llover, pero no se decide. La palmera de delante de casa está quieta, cosa que me conduce a la sabia deducción de que no hay viento. Voy a comedor, abro la puerta de la terraza y saco la mano; compruebo que la temperatura ambiental es ambiental (nota: puntualización: no funciona la ventana de mi cuarto, anoche se quedó si pilas).

Situación emocional: Tengo el suficiente acúmulo de idiotez para poder seguir escribiendo una no-carta como esta durante bastante tiempo.

Recursos materiales: Los suficientes para no caer en la monotonía, intentando hacer un buen alarde de creatividad.

Metodología: Coger el ordenador e ir escribiendo kilómetros de letras sobre el documento.

Resalto el hecho de que esta carta no tendrá feedback, si algo sale mal, así se quedará.

Tras haber sentado las bases de los puntos de las fases de la carta, paso a transcribir el himno para la posteridad:

Chopi y la princesa 

son buenos amigos, 

Chopi la defiende 

de sus enemigos. 

Tú eres la princesa, 

este es tu castillo, 

el pequeño Chopi 

siempre está contigo. 

El duque no la quiere, 

él es su enemigo, 

porque él sospecha, 

que ella no es un chico. (…)

Una vez entonado el himno con la solemnidad pertinente al hecho, caben unos segundos de silencio para recuperar el aliento del enorme esfuerzo realizado al entonar las notas para el cántico.

Mientras, aquí un documental: el mundo animal

“Hola, amigos, hoy en nuestro programa vamos a tratar muy específicamente de la vida del perro escalador, cannis escalatore, una especie actualmente extinguida debido al encarecimiento masivo del material de escalada y a la erosión de los grandes picos.

El cannis escalatore conocido vulgarmente por sube-sube, se alimenta de conservas y pastillas de glucosa; tiene la piel protegida por una fina capa de anorak que le abriga del frío pero que no estorba ninguno de sus movimientos. Es un ser solitario desafiador de la gravedad.”

Ya ni se puede confiar en el contenido de una carta, pues si se llegara al análisis no se podría obtener ninguna de las ideas importantes que rezan en estos párrafos. ¿Qué más se puede pedir?

­Una oda al colofón.

28/5/20

Escritura mecánica


Se supone que debo empezar a escribir y no parar hasta que hayan pasado diez minutos; porque he empezado a leer un libro de escritura y estoy haciendo todos los ejercicios. Cada capítulo tiene un ejercicio al final y me he decidido a hacer este reto.

Nunca antes lo había hecho escribiendo directamente en Word, siempre lo hacía con papel y boli, pero es que no me va a apetecer pasarlo luego y así ya queda todo para colgarlo en el blog.

He dormido bien, me gusta dormir. Ahora que ya no tengo insomnio disfruto del descanso y me levanto feliz. Al final, soy feliz con la vida que tengo y cada día aprovecho más mis propias capacidades para ocupar el tiempo. Lo tengo bien distribuido y hago un montón de actividades que me llenan y me hacen sentir bien. Estoy leyendo un libro que me pone nerviosa; se trata de una mujer que es dejada por su pareja y empieza a entrar en una vorágine de, ahora no me sale la palabra, de declive, de irse destrozando la vida porque empieza a enloquecer, al principio imperceptiblemente y, al final, que no he llegado, creo que se hará mucho más visible. Me parece interesante el tema a nivel escritura, pero, a nivel historia, tanta tensión me supera.

A veces pienso que esto de escribir es fácil y otras, que no. Hoy estoy con la sensación de que sigo sin tener nada que decir, y que, cuando digo, sigo repitiéndome como siempre. Bueno, es la idea que tengo.

Según este libro de escritura, que leo un capítulo diario, somos nosotros mismos quienes nos ponemos las trabas y nos bloqueamos a la hora de escribir. Este ejercicio debe durar para empezar a sacar realmente el tema de escritura. Dice que emborrone folios y folios para dar tiempo suficiente a que aparezca alguna cosa que pueda resultar interesante. No es la primera vez que lo hago, no, y nunca he conseguido ver qué tema puede resultar interesante y sea germen de un texto relato o novela.

A ver si alguien ve algo interesante para desarrollar.

No para de oírse un ruido de motor desde hace varios días que me pone muy nerviosa; al final voy a tener que salir e investigar de donde viene este ruido porque ahora es casi diario, incluso hay otro nocturno que intento no oír y, que me enerva, también, antes de dormir. No lo oigo una vez dormida. Por la mañana ya no está.

Ha pasado el tiempo, pero no tengo claro que haya surgido nada. Bueno, ya veremos.

27/5/20

Diarios


De nuevo, decidí volver a escribir un diario. Esta vez, debía ser diferente a todos los que había estado escribiendo a lo largo de mi vida y, que posteriormente a su escritura, había destrozado.

Quería que fuera un diario escrito con buena letra, visualmente perfecto, cuyo contenido fuera lo que me ocurriera durante el día contado desde un punto literario, lleno de sensaciones y sentimientos. Quería imitar los diarios que hasta ahora he leído de Virginia Wolf, Kandinsky, Van Gogh, Flaubert, etc…

Quería convertir mis anodinos días en poética y profundidades y que, si algún día llegaban a ser leídos, quería, transmitieran un mundo interior lleno de efervescencia, como si mi vida fuera parecida a la de Dorothy Parker o, tal vez, Machado, o tal vez, alguna de las hermanas Brontë, Charlotte o Elizabeth.

Llevo ya, cuento, casi seis meses escribiéndolo. A veces, antes de ponerme a escribir, lo releo un poco y me decepciono. Mi escritura dista tanto de lo que quiero conseguir. No sé si es que mi vida es tan anodina que es imposible encontrarle poética alguna, o que soy incapaz de convertirla en un buen texto. Muchas veces, mi diario parece una sucesión de hechos, ni siquiera concatenados. Tiende más hacia un dietario en el que solo falta poner las horas en las que se ha realizado cada tarea.

Sé que no es la primera vez que escribo sobre el tema. Es un recurrente en mi vida. Pienso en ello mucho. No escribo para ser leída, sino para leerme. Y “leerme” en el sentido más amplio e incluso metafórico: entenderme. Cuando me veo reflejada en mis palabras es cuando puedo alejarme un poco de mí para tomar decisiones en frío. Demasiado enrevesado el interior para darme respuestas sin tomar distancia.

Llegados a este punto, es cuando suelo desistir de seguir escribiendo y como el producto obtenido no me gusta toca desguazarlo. No es la primera vez que pasa y supongo que no será la última. Consecuencia: horas de escritura aniquiladas.
Esta vez, sorprendiéndome incluso a mí misma, voy a continuar con mis diarios. Voy a seguir luchando por conseguir el tono y la calidad que quiero en ellos y, sobretodo, por mejorar su presentación, que a veces, dista mucho de lo armónico.

Confieso que a veces tengo la sensación de no evolucionar, de que me siguen preocupando las mismas cosas y que me hallo parada en el tiempo intentando algo que a lo largo de mi vida no he conseguido. No me refiero solo al tema de la escritura del diario. ¿Llegaré a cambiar las preocupaciones que tengo en la vida? ¿Evolucionaré? ¿O lo que me interesa, preocupa y ocupa son mis universales, para siempre?

Hace tiempo que descubrí que mejor me dejo fluir que me intento cambiar, siempre llego a mejor puerto así.

28/1/20

Si la gripe no te deja dormir


Unos días por amor, otros por tos y anginas, el caso es pasar las noches en vela. Y ya no podía más, no aguantaba estar estirada tosiendo y sin poder respirar por la nariz. Así que, he dejado el nórdico atrás, me he abrigado bien y me he levantado a perderme un rato entre letras. Por ahora no noto el sueño, ya me aparecerá a mitad de mañana.

He empezado mi sistema de hidratación a ver si venzo la batalla a la mucosidad, que, como diría mi madre, “la tengo cogida en el pecho”. Esto supone ir dando sorbos a diferentes líquidos durante más de dos horas, con paciencia y regularidad. Eso es: paciencia y regularidad. Cuando hago esto, los ataques de tos desaparecen rápidamente. Bueno, de vez en cuando aparece un pequeño amago que acostumbro a contener. Y así va pasando mi día, entre líquidos.

Pero a medida que me hago mayor, este resfriado, gripe o “calipándria” (palabro de mi abuela), se agarra más a mi pecho (que, por ahora, es lo único que lo agarra) y tarda muchos más días en curarse. Recuerdo, de joven, pasar estos episodios con incomodidad, pero sin llegar a hacer cama. Nunca dejé de ir al colegio, ni a la universidad, ni a dónde fuera. Ahora, me quedaría tumbada en el sofá de casa, o en la cama, sin tener que ir a trabajar. Quedarse en casa venía marcado por el número 37 en mercurio, chivato, este, de que se debía abandonar toda actividad y meterse en la cama. Actualmente, cualquier estado de febrícula (antes de los 37 grados) te hace sentir como si te fueras a morir.

Bueno, mi plan de ataque se desarrolla en tres fases; primero, ingestión de agua tibia con limón; segundo, infusión de tomillo con miel y limón; tercero, zumo natural de naranja. Una vez alcanzado este último punto, ya viene la toma de infusión de roibos anticatarral, una maravilla de mejunje herbáceo que llevo tomando desde hace años y que, por esas cosas que tiene lo no eterno, lo dejan de fabricar; dejando a sus resfriados adeptos huérfanos de cura (de “cura, cura, sana”, me refiero).

En estos momentos, me hallo en el paso dos. Bebo sorbito a sorbito, vamos, casi libo, la dichosa infusión con la absoluta esperanza que hidrate hasta lo más profundo de mis mucosas y estas dejen de estar alteradas y vuelvan a su estado de calma, que es como yo las prefiero. Pero por ahora, tienen montada tal juerga, que no paran de saltar y danzar por todas las partes, permitidas o no, de mi cuerpo. Y, como comprenderéis, así no hay quien duerma.

8/12/18

En el último momento


Hay cosas que no cambian, sigo haciendo los trabajos, los proyectos, los dibujos, en el último momento. Me mato por hacerlo bien y disfruto, disfruto muchísimo de la investigación, de la realización, de tener que plasmar mis ideas en palabras o dibujos. Y me encanta. Y me paso horas y horas seguidas intentando crear la octava maravilla y normalmente lo consigo. Pero siempre, siempre, siempre pienso: “si lo hubiera empezado con más tiempo lo habría desarrollado en profundidad, cosa que me hubiera reportado muchísimo más placer”. Porque me es placentero crear. Me extasía y me retuerce recovecos profundos de los que ignoro su existencia. Me encanta pulir la savia bruta que se almacena por mi materia gris y moldear en ámbar la incipiente idea extraída de la fragua de existencia. 

Pero pasan los años (y las décadas) y continuo realizando mis trabajos el último día, en el último momento. Me empieza ya a frustrar que todo ese delirio lo tenga que condensar en un día, en una tarde, en una sentada. Dicen que nunca es tarde para cambiar, pero la experiencia me inclina a pensar lo contrario. Así, que, siendo como soy, no me queda otra que aceptarlo.

4/12/18

Vuelvo


Vuelvo. Con los dedos desentrenados por el tiempo y la mente vagabunda, caminando sin esfuerzo. Vuelvo. Con media sonrisa que no su inversa, pues en este caso no tanto monta como monta tanto, siendo el resto que me queda y que me confiere la calidad de viva. Vuelvo, como quien vuelve en Navidad sin que nadie le espere; de puntillas, con los zapatos en la mano, para no despertar aquella niña que me habita. Vuelvo y en el retorno encuentro palabras que anidan en mi historia. Una historia que de vivirla se gastó en la memoria y no necesita ser contada, ni recordada, ni añorada. Vuelvo, con sencillez sin fuegos artificiales ni brindis de bienvenida, ni la frente marchita. Vuelvo como vuelve el soldado a recuperar su espacio en un lugar del pasado. Vuelvo, como un jeday de silencio, de calma, de pensamiento.

7/2/18

Piñoneta


A pesar de lo gris de mi vida, suerte que, esta,  a veces te  ilumina de tal manera que te sientes a rebosar de felicidad.

Ha nacido Piñoneta. Después de 9 meses, viendo crecer la barriga de una amiga, ha salido una hermosa Piñoneta. Aún no la conozco, por motivo gripal, pero cada día recibo una puntual fotografía y es como si ya la hubiera tenido entre mis brazos.

Yo no tengo hijos. Sentí la llamada de la maternidad hace muchos años, pero no le hice mucho caso;  la verdad, es que derrocho cariño por el de mis amigos. Soy medio madre de más de uno, y tía o madrina, o lo que sea, de un montón.
Y a medida que pasa el tiempo me conmueve más el hecho de un nacimiento. Le veo una importancia que antes no le daba y sobre todo una profundidad y una razón de ser al Ser Humano.

Me encanta como me van cambiando las perspectivas. Eso debe ser crecer.

Piñoneta, bienvenida!!!!

1/2/18

Celebraciones en el laboro

No soy una persona a la que le importe el dinero, mientras gane lo que me corresponda y tenga para vivir, ya soy feliz (porque no me queda otra, supongo).

Durante mis treinta años de vida laboral, he tenido que participar en regalos de nacimientos de hijos de compañeros, de bodas, de jubilaciones, de cumplir 50 años y seguro que de alguna cosa más que me olvido en este momento. Ah, sí; trabajé en una empresa que cuando se cumplían los cuarenta años se les regalaba un anillo de oro.

Yo no me he casado, ni he tenido hijos, ni estaba en esa empresa a mis cuarenta años. No me he jubilado, ni me han tenido que regalar nada en ningún momento. Pero siempre, siempre, me toca pagar. Creo que si hubiera guardado todo el dinero que he ido poniendo para regalos de compañeros, ahora podría comprar con toda tranquilidad, porque me sobraría y todo, un vuelo de ida y vuelta a Nueva York para dos personas. Pero como no lo hice, no me queda otra que dar una vuelta por Google Maps. En fin.

31/1/18

Cesta de verduras

Hoy es un día especial: me llega a casa una cesta llena de verdura y fruta ecológica, orgánica y supersónica. Me hace una ilusión tremenda cuando llaman al timbre y abro y la veo en brazos de la campesina que me la trae. La pongo encima de la mesa de la cocina y la contemplo con mucho amor, pensando que esa mañana mismo estaba en un campo, plantada, tan tranquila. Tardo casi una hora en organizarla en bolsas o en tapers, en ponerla en la nevera con mucho cuidado, y en cocinar la que será mi comida de mañana.

Hace tiempo que me pasé a desayunar un zumo verde, por lo que consumo una cantidad ingente de verdura. ¡Me encanta! Cada día selecciono con cariño y cuidado qué verduras pondré en al “cold press” para fabricar mi zumo. Una de las que me gusta más es la col kale, le da muy buen sabor al zumo. Pero mi preferida es la espinaca, que combina bien con todo. El zumo de pimiento rojo es sensacional y el de hinojo y remolacha también. El que más me cuesta es el de brócoli, pero este me lo como al vapor tres veces por semana, por aquello de mantener la alcalinidad corporal.

Además de verduras y frutas, aderezo el zumo con súper alimentos como la maca, la chía, el polen, las semillas de cáñamo, aguacate, etc.

Si hace unos años me hubieran dicho que yo desayunaría esto, hubiera tildado de loca a mi interlocutora. Así que “en mi boca un pendiente”; no vais a escuchar de mí eso de: “de este zumo no beberé”.

26/1/18

En mis inicios

He entrado de puntillas en mi primer blog. Ese que ahora permanece secreto a la deriva de la red. Ese blog, que tuve que abandonar muy a pesar mío, debido a la inmadurez de las “relaciones” internáuticas del principio. Y por relaciones no me refiero a nada amoroso, no, sino aquellas que salían del contacto diario (sí, entonces teníamos contacto diario a través de los blogs). Esa inmadurez conllevaba ataques de personas que ni conocías en la vida real, solo porque lo que leían no les gustaba o lo que fuera. Creo que ahora hay más respeto.

El caso es que entonces sí que me comentaba gente, un montón. Me he dedicado a ir clicando en los nicks y la mayoría también tiene el blog a la deriva, abandonado en el 2011, bastantes. (Será ese año el auge de Facebock???). También he visto gente que ya entonces me comentaba y que estoy convencida que no han sido conscientes del cambio de blog, y con ello de personalidad bloguil.

Es curioso cómo pasa el tiempo y nos olvidamos de la mayoría de cosas. He recordado, que lo tenía absolutamente olvidado, que antes del blog yo escribía en tres o cuatro foros y a raíz de que uno de ellos que contenía la mayoría de mis escritos lo iban a cerrar, una amiga me creó el blog y me enseñó cómo funcionaba para que pudiera ir copiando mis escritos. Una vez hecho (me pasé una noche seguida haciéndolo) empecé a publicar los nuevos.

No quiero que mueran los blogs, soy nostálgicoromántica (ole palabra con dos tildes).

7/8/17

Museo de la Ciencia

El otro día fui al Museo de la Ciencia (Cosmo Caixa), un museo que me apasiona y voy poquito, sobre todo ahora que mi vida ha cambiado tanto. Como siempre, la visita estuvo genial. No hice ninguna de las actividades porque llegué bastante tarde, hacia el mediodía y estaban ya empezadas o empezaban bastante tarde, así que me dediqué a ver con tranquilidad la exposición permanente y a ver lo que hacía la gente. En su mayoría, se dedican a tocar todo y a hacer el experimento pero son pocos los que leen las reseñas de este. Yo pude, con toda la tranquilidad, dedicarme a pensar en cada uno de los experimentos y a recordar lo que había estudiado de ellos. Me emociona hacerlo, soy de las personas que recuerda muy bien en qué curso estudié cada cosa. Cuando nos juntamos la cena de exalumnas (colegio femenino de señoritas) alucinan con la memoria que tengo.

Esta vez en el museo, había una exposición sobre el cerebro humano, Talking Brains. Muy interesante. Siempre me ha gustado mucho todo el tema cerebral. De bien joven estuve haciendo caligrafía con la izquierda para desarrollar el otro hemisferio, al menos eso creía yo. Más tarde me compré un libro que te enseñaba a dibujar con el lado derecho del cerebro. Luego, me compré otro libro que hablaba de las zonas cerebrales y qué parte se encargaba de qué. Y ahora, gracias a los avances en neurociencia me entero incluso de cómo aprende el cerebro, de qué son las neuronas espejo y de cómo funciona. Es apasionante.

La neurociencia ha avanzado tanto debido a que la tecnología lo ha hecho. Cosa que ha permitido poder estudiar el cerebro humano en vida. Ha avanzado tanto que ha sido capaz de decirle a la pedagogía todo aquello que estaba haciendo mal y cómo mejorar la enseñanza. Tanto es así, que el término enseñanza pasa a segundo plano cobrando importancia el de aprendizaje. El maestro también pasa a segundo plano, ahora es un mero acompañante del aprendizaje de sus alumnos con la responsabilidad de crear un entorno estimulante y lleno de retos a conseguir.

Todo esto lo estoy explicando a groso modo, sin ser una experta en ello. Supongo que a quién le interese ya buscará la forma de profundizar en el tema. Empezando por ir al Cosmo Caixa, exposición del cerebro, que de verdad, vale mucho la pena.

Me quedé sin entrar en el Planetarium, cosa que me apasiona porque normalmente tienen unos buenos documentales de los que siempre aprendo muchas cosas que desconocía. La visita cundió muchísimo, además de disfrutar de un buen aire acondicionado que me hizo olvidar el calor que está haciendo estos días.

Por cierto, hay un ave rosa en el bosque inundado que no sé cómo se llama. Tiene las patas largas es rosa y el pico es plano. Estaba arriba de un árbol. No encontré la referencia. Si alguien sabe cómo se llama, haga el favor.

30/1/17

Saliendo de casa, que no del armario

Estaba convencida que no volvería a tener ningún tipo de relación amorosa más. No porque pensara que la vida no me la iba a proporcionar, que creo que lo pienso un poco, si no porque era yo la que escarmentada, no quería volver a encontrarme en esa situación. Pero por mucho que luches contra algo, si lo llevas genéticamente grabado, acaba ganando sin esfuerzo.

Intentaba convencerme de lo feliz que soy, viviendo en la soledad de mi casa, haciendo mis estudios solitarios, mis paseos solitarios, mis visitas a museos solitarios y mis escapadas a un japo, u otro restaurante, los domingos al mediodía, en solitario, cual señora mayor que vive sola; solo me faltaba ir a una “rosticería” a comprarme comida hecha (a un pelo he estado de ello).

Pero, desde hace unos días, me he dado cuenta de que por mucho que quiera convertirme en un ser asocial, no lo soy, y que necesito compartir mi vida con alguien. Y, estúpidamente, desde que he tomado conciencia de ello me siento feliz. Me tengo que ir diciendo: “para el carro, que una cosa es lo que tú quieras y la otra es lo que puedas lograr”.

¡Qué pereza empezar de nuevo con alguien!, dicen mis células cada vez que las intento convencer de lo contrario. ¡Qué pereza aprenderte los gusto de otra!, dice mi sexo cuando intento animarlo para que despierte. Así que lucho contra mi ser, literalmente: quiero una hermosa y tranquila vida en pareja.

Únicalectora me anima todo lo que puede para ello. Vamos, piensa que debo salir de mi planeta burbuja y volver al mundo real. Y claro, ya se sabe lo tenaz que puede ser. Y si no lo sabéis, ya lo sabréis. ¿No conocéis la famosa frase de Arquímedes?: dadme una Únicalectora y moveré el mundo.

26/1/17

Y encima tengo que buscarle un título

Me he pasado la noche entera dormitando porque unos vecinos porque unos vecinos se han pasado la suya poniendo música y haciendo gala de sus hercios. Son los mismos que el domingo celebraron una y otra vez un cumpleañosfeliz y cantaron la cancioncilla al unísono, seis veces en tres horas. Deduje que era el cumpleaños de un niño pequeño porque le debieron regalar una moto o bicicleta sin pedales y el resto del día se lo pasó rodando por todo el pasillo hasta chocar con la pared, claro símbolo de que debía cambiar de dirección; pasillo, arriba, pared, abajo. Quedó claro que la gente se olvida de que no vive en medio de una montaña o en un desierto.

Ahora, seis treinta y cuatro de la mañana, en un tren camino del trabajo, me encuentro que en el asiento de delante del asiento de mi lado, viaja una chica con un manojo de apuntes. Los va subrayando. Una de sus rodillas le hace de pupitre y para conseguir la inclinación adecuada apoya la bamba en el asiento de delante. Por la forma del texto, apretado y con letra pequeña, y un título que empieza como algo así como “Drogas de ocio…”, puedo deducir que sus estudios son universitarios. ¿Entrada ya en estudios superiores, no ha descubierto que no se pone el pie encima de los asientos?

Me estoy mordiendo la lengua para no decirle algo. Y en estas me hallo cuando hago un alejamiento de mí y me veo que estoy viviendo la escena cual abuela que le molesta todo y se queja de más. ¿Estoy envejeciendo y me he vuelto quisquillosa? Pero… ¡por favor! Si siempre me han molestado todas estas cosas. ¡Huy, preveo un día muy largo, dormitando despierta la susceptibilidad!

8/1/17

Leer de nuevo blogs

He empezado a leer de nuevo blogs. Al principio no lo hacía, me daba una pereza tremenda. Pero ayer, le dediqué un rato y me lo pasé la mar de bien. Me gusta leer y me gusta leer los post de la gente.

Volví a entrar en un montón de blogs que tenía olvidados. Muchos de ellos se hallan ya abandonados a la deriva de este inmenso océano que es internet. Otros, me sorprendió verlos que seguían activos sin tener ningún tipo de parón en toda su historia. Debo reconocer que me interesa la vida de los demás. Me gusta como la explican y verme reflejada en algunos aspectos. Creo que no somos tan diferentes unos de otros. Quien más y quien menos tiene sus propias crisis, sus fobias y sus inseguridades. Me sabe mal descubrir momentos bajos en algunas de las personas que siempre había admirado, pero esto me las hace mucho más cercanas.

Todo se la debo a Únicalectora, que anda preocupada por lanzarme de nuevo al mundo. No para de sugerirme ciento un activismos y el último que me sugirió fue leer blogs y comentar mi opinión. Creo que le debo también haber iniciado de nuevo mi escritura. Sé que a pesar de todo lo que me ha pasado nunca he querido abandonarla y he ido haciendo amagos de reiniciarla. Pero ahora la decisión es decisiva (redundo porque quiero).

Únicalectora, gracias. Sin ti, mi inicio activista sería nulo. Gracias por no desfallecer y seguir animándome.

6/1/17

Escape Room

Cuando oí hablar de ello supe en seguida que me apasionaría y así ha sido. El Escape Room, es un juego de acertijos, misterios y enigmas en vivo. Y con “en vivo” me refiero a que lo vives in situ. Es como una aventura gráfica de ordenador (con las adaptaciones pertinentes), llevada a la realidad. Te encierran en una habitación decorada con los elementos de la temática elegida (huy un sinfín de temáticas) y tienes sesenta minutos para resolver el enigma u objetivo que te dicen al entrar y conseguir salir de la habitación. Normalmente, sueles pasar de una habitación a otra, a veces por un armario, otras, se abre una puerta o compuerta y alguna vez “subiendo” por la chimenea. Se suele jugar en grupos de cuatro personas, pero hay para más.

Esas horas (ya he hecho más de uno) que me paso jugando, son las mejores de mi actual vida. El cerebro se pone a cien, se activan todas las estrategias que conoces, toda la red neuronal vibra esperando actuar. Siento una ducha de adrenalina que me acelera  como si fuera una cría pequeña la víspera de Reyes. Y a todos los del grupo nos pasa lo mismo. Es tanto el mono que crea que a veces, saliendo de un Escape nos metemos en otro. Hay de mayor y menor dificultad. Incluso hay alguno (sobre todo los de miedo) en los que hay actores dentro del juego.

Recuerdo haber sentido cosas parecidas aunque en menor grado leyendo Los Cinco o Los Tres Investigadores.

Recomiendo encarecidamente probarlo y luego decidir si gusta o no gusta. En él se ponen en juego las capacidades de cada persona del grupo. Pero, atención, también el carácter influye. Es muy divertido ver cómo se van posicionando los roles. Probadlo, y ya me diréis.

5/1/17

Comida de viejas blogueras

Hay ha sido un día sensacional. Nos hemos encontrado después de mucho tiempo y parecía que no había pasado ni un segundo desde la última vez que nos vimos. Hemos hablado de lo divino y de lo humano, pero pasando por encima, porque esta vez, lo que más nos interesaba era hablar de nosotras mismas. Nuestras vidas, han cambiado muchísimo desde que nos conocimos. En seguida en la mesa se ha creado como dos bandos. En el que estaba yo, era el bando “escorpión modo lagartija gris”. El bando contrario era todo dicharachería y felicidad. Pero todo ha sido motivo para reírnos y darnos cuenta de que debemos reunirnos con más asiduidad.

Juntas hemos pasado momentos inolvidables y quiero que sigamos pasándolos y que a pesar de que en nuestro fuero interno pensemos que cualquier tiempo pasado fue mejor (bando lagartija) aprendamos a dejarnos imbuir por el espíritu del bando contrario.

Propósito del año: no dejar pasar un mes sin concertar nueva quedada.

7/9/16

El tiempo pasa

A veces nos creemos que el tiempo, a pesar de pasar, no nos afecta en absoluto. Seguimos pensando que somos iguales que antes y que hacemos las mismas cosas y de la misma manera. ¡Animalicas!

El tiempo que pasa no nos afecta, no, pero cuando se nos cae algo el suelo está mucho más lejos que antes y tardamos mucho más en recoger lo que se nos ha caído.

O cuando subimos o bajamos escaleras, ese crujido menisquero no es más que una gentileza corporal para que sepamos donde tenemos la rodilla.
Huelga hacer mención de ese agradable y entumecido anquilosamiento con el que te levantas por la mañana digno del mismísimo Robocop, paquenosediga.
O esos saltitos con un pie, que das cada mañana en el baño cuando sales de la ducha para ponerte las braguitas. Cuando ya has logrado pasar una de las piernas e intentas hacer lo mismo con la otra pero no aciertas y lo que consigues es intercalarla entre el dedo gordo y el siguiente. Y como no sabes ni dónde ni cuándo dejaste olvidado tu equilibrio no te queda otra que saltar en esa famosa posición de yoga (pie derecho en suelo dentro de pernera de braga, pie izquierdo con goma de braga enhebrada entre dedos, manos a cada lado de la braga, espalda doblada hacia adelante mientras saltas y subes y bajas la cabeza intentando encontrar el equilibrio con el mentón).

El tiempo pasa, sí, pero a mí no me afecta.

Andaba yo el otro día despierta de cuerpo y dormida de mente, cuando, según costumbre, después de desayunar me duché. ¡Oh, qué maravilla! Lo mejor del mundo: la ducha de la mañana. No entiendo como en el tren, a primera hora de la mañana, me encuentro con tanta gente que no se ha duchado. Yo no podría, para mí, es el mejor café.

Después de las primeras horas de trabajo me senté con mis compañeros a desayunar. Acostumbramos siempre a ir al mismo bar y según vamos acabando, vamos llegando. Ese día, junto a una compañera fuimos las primeras.
Hago un inciso para explicar que tengo el pelo corto, muy suave y brillante. No me pongo nada especial, me lo lavo con el champú de bebés que mi madre usaba conmigo y que he usado toda mi vida. A mis amigos y compañeros les gusta mucho mi pelo y me lo suelen tocar como gesto de cariño o para que preste atención a algo. A otras personas les tocan el brazo, la mano o el hombro; a mí siempre me han tocado el pelo.

Llegó la primera persona y me tocó el pelo para hacerse ver y que le dejara pasar. Retiró con rapidez la mano. Yo estaba bebiendo en ese momento y paré de golpe porque mientras me tocaba oí como un crujido. Presté atención con el vaso inclinado en mis labios pero no oí nada. No le di más importancia.
Al mediodía, al salir del trabajo para ir a comer, dos compañeros se despidieron de mí tocándome el pelo y ambos retiraron, rápidamente la mano. Volví a oír un crujido cada vez. Una vez me hube despedido de ellos, mientras me alejaba, disimuladamente me toqué el pelo. No oí un crujido, sino un crepitar. Tenía todo el pelo acartonado. Atónita seguí caminando hacia el restaurante donde suelo comer. ¿Qué me había pasado en el pelo? Si fuera obra de un pájaro, no sería en todo el pelo y según inspección táctil, el acartonamiento era en la totalidad del cabello.

Cuando llegué al bar, pedí y me fui directamente al lavabo a verme en el espejo. No se veía nada especial; quizá que casi no brillaba. Cogí agua con las manos para pasármela por el pelo y cual no fue mi sorpresa al descubrir que toda una espuma blanca empezaba a cubrirme la cabeza. ¡Había salido de la ducha, por la mañana, sin aclararme el pelo!

El tiempo pasa, sí, pero a mí no me afecta.

De como tardé más de media hora en sacarme la espuma de la cabeza en un lavabo de un bar mientras el camarero iba tocando a la puerta con los nudillos y preguntándome si me encontraba bien, es otra historia.

28/8/14

Mis temas

Tengo en mi interior temas que me atacan una y otra vez la inquietud. Me parece que si no les dedico tiempo y los extraigo de mí a través de la escritura no me van a dejar tranquila. Supongo que si algún día me hago famosa y alguien se dedica a estudiar mi vida y mi obra, se concluirá aquello de: “sus escritos contienen siempre uno de estos temas (…)” o “el tema A o el tema B le acompañó durante toda su escritura”.
Si analizo poseo ya temas que son mis universales: el amor, la muerte, la soledad, el intelecto, el lenguaje. Son los primeros que vienen ahora a la mente. A medida que vivo debo ir cambiando su perspectiva, me imagino, porque si no es así, qué cansina puedo llegar a ser. No me he parado a hacer ningún estudio científico que me lleve a una buena reflexión. Hablo de memoria.
Tengo un nuevo tema que me interesa: es el de la culpa. Aún no he escrito nada sobre ello, pero me ronda la idea desde hace tiempo. Supongo que voy extrayendo conclusiones de las películas que voy viendo y de las personas que viven a mi lado y de mí misma. 
Ayer estaba viendo “Cadena de favores”. Una película bastante interesante, aunque lenta, sobre la idea de bondad y maldad del ser humano. En un punto, una hija le dice a su madre, después de mucho tiempo de no verse: “te perdono”. Pues esta ha sido la chispa que ha hecho que quiera escribir sobre este tema, un tema que llevo tiempo pensando y reflexionando en silencio, sin comentarlo con nadie. Sin pedir opiniones ni perspectivas. A ver si soy capaz de cazar las palabras precisas para poder plasmarlo.