Atravesó la risa, aquel temido puente
que un día cruzó de mi mano el amor.
Quedó archivado y guardado su nombre
entre los libros de mi decepción.
No añoro el tiempo que pasé con ella
sino el temblor de crecer sin miedo,
de esperar el alba con los ojos abiertos
y pensar, entonces que todo era eterno.
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