8/9/11

El papel

Cada día, en algún momento u otro acudo, al bar, mi bar de escritura, un bar lleno de palabras que tiene las puertas cerradas para que no se las lleve el viento. Siempre me siento en la misma mesa. Es la única que tiene una lamparilla de pie, de esas de bronce labrado y pantalla de color nicotínico, testimonio este de aquella época en la que el humo, cual niebla, ocultaba las caras de los clientes. Justo debajo de la lámpara, contra la pared hay una mesita blanca que soporta un jarrón de aburrido alabastro y dentro de este una horripilante planta de plástico acumula el polvo porque nadie se acuerde de ella.

Llevaba tiempo yendo a escribir y nunca me había fijado en ella. La casualidad quiso hace un más o menos un año que irguiera la espalda y estirara los brazos para que mi mano, sin querer, la rozara y así fue como la descubrí, silenciosa, a mi lado. Lo primero que pensé de ella es que parecía una mesita de noche, por la altura y por su color blanco. No le di más importancia. Quise continuar escribiendo, pero su presencia había adquirido dimensión en mí y me volví a observarla mientras tecleaba las tres últimas palabras de una frase sin mirar la pantalla.  Entonces me di cuenta de que tenía un cajón, con un pequeño tirador de madera pintado del mismo color que la mesita. No me lo pensé dos veces y lo abrí, poco a poco, esperando encontrarlo vacío. No fue así; contenía una hoja de papel cuadriculado doblada. Cerré de golpe sabedora de que si tenía algo escrito no era para mí. Miré a mi alrededor para ver si la gente se había dado cuenta de lo que acababa de hacer, tenía la sensación de haber obrado mal, de haber producido un allanamiento de la intimidad. Por suerte, todo el mundo seguía inmerso en sus conversaciones, en su lectura o tecleando algo en sus blackberrys, por lo que suspiré tranquila intentando desacelerar los latidos de mi corazón. Era de las personas que nunca, nunca leía aquello que no me era ofrecido; ni siquiera de estudiante, cuando la voluntad es más voluble, aquella vez que el maestro me pidió que le llevara unos libros al despacho y tuve la ocasión de ver la lista de notas finales. Ni siquiera dudé un momento: dejé los libros y me fui, orgullosa por mantenerme fiel a mi integridad.

Pero ahora era diferente, era un papel expuesto en un lugar público. Bueno, tanto como expuesto, no, que estaba guardado dentro de un cajón. Sí, pero un cajón que puede abrir cualquiera y tener acceso a su interior. Seguro que alguien ya lo habría abierto y habría leído su contenido. O a lo peor habían utilizado el cajón como papelera. Seguro que era eso.

Intenté volver a mi escritura, releí lo que tenía escrito para volver a coger el hilo pero ya me había desconcentrado del todo y la visión del papel dentro del cajón medio abierto no hacía más que aparecerse en mi mente. Levanté la mirada para comprobar que todo el mundo seguía en lo suyo. Nerviosa abrí el cajón y ahí estaba, diciéndome “leeme”. A sabiendas de que ya era demasiado tarde y de que no me podría perdonar nunca (si la leía porque no debía de hacerlo y si no la leía por no haberlo hecho), cogí la hoja, la desdoblé y respirando con profundidad, la leí.

R5

13 comentarios:

iTxaro dijo...

pssss yo también lo hubiera leido o al menos de soslayo

Raquel dijo...

Confieso que yo también la hubiera leído. Seguro que la nota ponía que le impresionaba tu capacidad para crear y tu imaginación. ¿A que sí?

Irreverens dijo...

¡Jodó, Dintel, eso(*) no se hace!
:O

(*)Lo de dejarnos con la intriga de saber qué ponía en el papelito...
Yo no solo lo habría leído, sino que os lo habría contado.
:P
:P

leo dijo...

¿Yyyyyyyyy? Pa habennos matao, ¿qué poníaaaaaaaaaa?

Blau dijo...

Dintel, duerme tranquila, yo sin dudar la hubiera leído. Por lo tanto, hiciste bien.

:-)

Besos

MI HISTORIA... dijo...

¿Pero ponía algo? imaginé que al desdoblar la hoja la encontrarías en blanco

dintel dijo...

Yo creo que también, y sin dudarlo.

dintel dijo...

Raquel, el rubor me ataca.

dintel dijo...

Irreverens, de eso se trataba.

dintel dijo...

leo, intentando seguir las enseñanzas... a mí me hacen eso de no aclarar lo que pone y me muero de rabia.

dintel dijo...

Blau, ¿y te lo hubiera quedado o lo hubieras dejado de nuevo en su sitio?

dintel dijo...

MI HISTORIA, :)

Sandra Sánchez dijo...

Buen suspense jeje...
;)