3/7/09

¡Prohibido!

Aprieto los dientes para no empezar a cagarme en todo y a blasfemar (aunque yo no blasfemo nunca, creo que esta vez lo haría). Me hierve la sangre y se me retuercen las entrañas de tensión. Aunque no quiero que aflore fuera de mí lo que estoy sintiendo, e intento controlar mi cabreo, se me escapa un pequeño gruñido que al tomar conciencia de él convierto en un soplido.

Y como si tuviera antenas, rauda y veloz, acude la Mosca Estremecida volando y se posa sobre la mesa del comedor. Aparece secándose las manos con un trocito de papel de cocina. Hoy me ha relegado de mis tareas porque dice que va a hacer ella la comida. Hace más de una hora que la oigo trajinar por la cocina. Esta nueva ocupación se debe a que el otro día me preguntó que qué era el Imagenio y se lo mostré. Le enseñé a manejarlo y a cambiar de canales.

–¿Cuáles son tus preferidos? –me preguntó con curiosidad.

–La Fox y el Canal Huevo.

–¿Canal Huevo? –se extrañó del nombre.

–Sí, mira –y le cambié el canal para que lo viera–. En realidad se llama Canal Cocina, pero como tiene por logo un huevo frito, le llamo Canal Huevo.

Ella nunca ve la tele. Cuando me siento a verla, se va al despacho y se pone a navegar por Internet, a escribir en su moleskine o a leer alguno de mis libros; prefiero eso que perder el tiempo, dice, que las moscas tenemos menos. En el Canal Huevo, estaban dando el programa de Jaime Oliver y se quedó prendada del cocinero inglés. No ha tardado ni dos días en adueñarse de mi cocina. Ya veremos en qué acaba todo esto.

–¿Qué pasa?¿Por qué gruñes? ¿Por qué suspiras?

Ay, con lo bien que estaba yo solita viendo la televisión.

–No, si yo no…

–Venga, que te he oído. ¿Qué pasa? –dice clocándose sobre mi hombro y dándome unas palmaditas con su pata–. ¿Por qué te has indignado? No me mientas que sé que estás indignada, ya nos vamos conociendo.

Vuelve a volar a la mesa y se sienta sobre el portátil, cruzando una pata sobre la otra y cogiéndose la rodilla con ambas cuatro manos. Verla así de condescendiente me enrabia aún más.

–Es que ahora, resulta que multan si te bañas en el mar cuando hay bandera roja, en Valencia –le exploto levantándome para pasear porque para mi cabreo y yo no hay suficiente espacio en el sofá–. ¡Todo! Todo está prohibido.

–Elemental –me dice mientras inicia el vuelo y se va a la cocina.

Me quedo con dos palmos de narices: ¿ya ha acabado la discusión? Cuando reacciono me dirijo hacia la cocina, pongo la mano sobre el mármol con un golpe y le pregunto.

–¿Elemental? ¿Sólo elemental?

–Pues sí. A parte de ser una manera de agenciarse más dinero Es una manera de teneros más controlados.

–Ya, pero nadie se revela contra ello.

–Claro, porque lo que hace tanto control sobre el peligro es crear una sociedad protegida, por ende, más infantil y cómo más infantil sea menos problemas causa, ¿entiendes?

–Claro que entiendo, por esto estoy así de rabiosa. Me he criado al lado del mar y me he bañado cuando yo creía conveniente. No había socorristas, ni banderas, ni tonterías de estas. Cada uno sabía cuando se podía meter o no.

–En vez de enrabiarte tanto, coge una pancarta, reúne a cuantas personas opinen como tú e iros a quejar a las autoridades.

Me quedo mirándola en silencio.

–¿Callas? Mucha queja, mucha rabia y poca acción –dice mientras trocea la zanahoria con mucha fuerza. Anda, déjate de tontas rabietas y ve poniendo la mesa.

Me he mordido los labios y he hecho lo que me ha pedido, quiero pasar el día en paz.

La espero sentada con la mesa puesta. Hace su aparición, cazuela en mano, entonando cuatro chan-chan-chanes. Levanto la tapa y veo todo de trocitos de todo, cortado pequeñito, pequeñito. Me la miro con cara de sorpresa; ¿qué tipo de comida es esa?

–Así, cada una come lo que le gusta –me dice con dignidad–. Sírvete tú primero.

Así lo hago, con una cuchara empiezo a comer ese mosaico de alimentos que por el tamaño me recuerda a esas piedrecitas de colores que se ponen en los ceniceros para evitar los olores.

–Por cierto –añade–, no has pensado que con tanta prohibición, tanta protección, tanto “evitemos el peligro”, ¿os estáis cargando vuestra selección natural?

–Calla y come, que la tuya la voy a aumentar poniendo aquí un aparato de esos que fríen moscas. ¡Fishhht! –hago la onomatopeya acompañada de un gesto.

–¡Qué desagradable que eres cuando estás de mal humor! –dice cogiendo su plato y yéndose a comer delante del ordenador.

Antes de cerrar la puerta de un portazo me grita:

–Aceptaré tus disculpas cuando me las pidas.
¡Pam!

La odio, la odio, la odio.


NOTA: ;)

9 comentarios:

María dijo...

Cuando leo o escucho todas estas "prohibiciones", me viene a la mente recuerdos de una peli en la que todos estaban vigilados por "una cámara" y estaban controlados "para estar protegidos"... y entonces, me entra una "mieditis"...

Ico dijo...

En vez de mosca estremecida podría ser mosca sabía... porque a ver... menos enrabietarse y más pancartas..jaja..

isobel dijo...

que buenoooooooooo, me encanta leer con voces, besillos

farala dijo...

prohibido prohibisr, leshes!!

migrante dijo...

Eso pasa por discutir con una mosca, ella nunca entenderá lo que es bañarse en el mar cuando a uno le da la gana!!!, jeje.
Bso.

Blau dijo...

Dintel, te comprare un mata mosca en mi chino prefe.

Besos

Raquel dijo...

Acuérdate de que no me importaría que esa mosca se viniera a vivir conmigo una temporada. Yo sé que es un poco cabezota pero bueno, un cambio de aires tal vez le venga bien.

mam dijo...

qué bien que haya vuelto la mosca......se me hizo larga la espera.

illeR dijo...

Dos cosas:

1. Me encanta Jamie Oliver
2. Voy a ser antipopular. Estoy de acuerdo con la prohibicion y la multas. Hay mucho irresponsable suelto, desgraciadamente mas que los responsables, que se bañan en aguas horribles sin ser ni mucho menos expertos, obligando a los socorristas a jugarse la vida para salvarles. Si, pagan justos por pecadores, pero en este caso creo que para bien.