5/3/12

Daga

Nunca supe quien había detrás de mis palabras, escondite perfecto entre la voz y el silencio, donde guardar las miserias que el mundo ha tenido a bien otorgarme. Recuerdo que una vez luché por alguien y como perro apaleado lamí mis heridas en la cuneta de cualquier camino, durante muchas noches, durante muchos días. El dolor protege de todo, diluye los deseos y los convierte en una masa de costumbre que te acompaña en cada acto, no quiero ni pensar que eso es a lo que llaman vivir. Sentada junto a una vela pacto con la noche; las sombras huyen de los cuerpos cuando suena el crudo pensamiento. No soy nadie, no soy nada, un cúmulo de toscos fantasmas huraños por recordar que nunca he sido amada. Y en húmeda pared de la noche, la sombra enflaquecida de mi autoestima tiembla extenuada bajo la luz de tu vela hasta que la muerte me venga a buscar al alba. Me encontrará sangrando, despierta, con tu nombre clavado en el alma.

1 comentario:

Áurea O. León dijo...

¡Ey me ha encantado tu entrada! La manera en la que escribes.
Ya me leo más del blog con gusto.
Saludos.